Documental: Huellas de Bogotá

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¿Aló? ¿La Habana?

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Cansado de que se cayeran sus llamadas y de la ineficiencia del servicio telefónico para comunicarse con Diálogos de Paz en Cuba, el Presidente de la República de Colombia, Juan Manuel Santos, decidió llamar directamente al call center de las Farc en dicho país para obtener una respuesta concreta a su problema.  Esto fue lo que sucedió:

–        Usted se ha comunicado con el centro de atención al cliente de las Farc EP en La Habana, Cuba, una empresa telefónica privada cuya mayor preocupación es el bienestar y la satisfacción de sus clientes. Esta llamada podrá ser grabada y monitoreada para verificar la calidad y el servicio. Mi nombre es Andrés París. ¿Con quién tengo el gusto?

–        Sí, ¿aló?, ¿La Habana? Habla con Juan Manuel Santos de Colombia.

–        Señor Juan Manuel, buenas tardes, ¿en qué lo puedo ayudar hoy?

–        Mire, llamo por lo siguiente: Los he llamado ya 16 veces para que me solucionen un problema que tengo con mi teléfono. Cada vez que intento llamar a mis amigos y asesores para hablar del tema de las negociaciones de paz se cae la llamada. Ya estoy cansado y quisiera una solución rápida y efectiva.

–        De acuerdo señor, por favor déjeme verificar sus datos y en un momento estaré de vuelta con usted.

….

–        Gracias por su espera señor Juan. Le informo que se nos ha presentado un problema con su línea ya que hay una congestión con el tema de la participación política y estamos haciendo todo lo posible por solucionarlo. Por ahora le pido un poco de paciencia y muy pronto solucionaremos su problema.

–        ¡Pero ya los he llamado 16 veces y siempre me dicen lo mismo! Siempre hay impedimentos y condicionamientos para avanzar. Ustedes solo prometen y prometen pero no cumplen nada. Ya estoy harto y si no me dan una solución pronta tendré que cancelar mi contrato con ustedes.

–        De acuerdo señor Juan. Voy a consultar con mi superior y en un momento estaré con usted. Por favor permanezca en la línea.

….

–        Gracias por su amable espera. Le informo que la manera más efectiva para solucionar su problema es que permanezca en línea y siga unos pocos pasos para restablecer del todo su conexión. Son tan solo 99 simples comandos con relación a la participación política que le indicaré desde acá y, si todo sale bien, el funcionamiento de su línea telefónica será satisfactorio próximamente, en un periodo no superior a nueve días. Es lo mejor que le puedo ofrecer en este momento señor Juan.

–        ¿Cómo así que 99 comandos? ¡No son ni uno, ni dos ni tres, sino 99! Esa cantidad de comandos no los ponen ni siquiera en la embajada de los Estados Unidos para que un colombiano pueda sacar la visa. Lo que usted me está pidiendo es absurdo, inaudito.

–        De acuerdo señor. Recuerde que esto lo hacemos por su bienestar y el bienestar de todos los usuarios de nuestra compañía. Comencemos por el primer paso que es la convocatoria de una asamblea constituyente para refrendar los acuerdos.

–        ¡Eso ni loco! ¿Se fumaron todos sus cultivos de marihuana acaso? Lo primero que se acordó en nuestro contrato es que esa no sería una condición. ¿O es que el contrato se quedó refundido en una de sus caletas?

–        Entienda que es la única manera en la que cual podemos continuar con el proceso de restitución de su línea.

–        Bueno, a ver, ¿qué más? Sorpréndame…

–        Me informa el sistema que también debe constituirse un cuarto poder, el poder popular.

–        ¡No, no, no! Ahora si se chiflaron del todo. ¿Sabe qué? Por el momento ya no quiero escuchar más de usted ni de su empresa de pacotilla porque hasta ahora van apenas dos comandos y ya me parecen ridículos a mi y a mis amigos y colegas que se encuentran acá conmigo.

–        De acuerdo señor Juan Manuel. Gracias por llamar a nuestra línea de atención al cliente. Por si cambia de opinión, tiene hasta el 2 de noviembre para la restitución de su servicio de telefonía móvil.  Para presentar futuras quejas y reclamos puede comunicarse gratuitamente al *612. A continuación pasaremos su llamada a una encuesta de calidad y servicio. Recuerde que habló con Andrés Paris. Que tenga un buen día.

El riesgo es que te puedan morder

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Por: Matheo Gelves – @TheoGelves

Sátira: El riesgo es que te puedan morder.

Un celular vibraba sobre la mesa. César Millán detuvo su sesión de adiestramiento para responder la llamada. Al otro lado de la línea se escuchaban fuertes ladridos, y una mujer que intentaba hablar en medio del alboroto. Casi en llanto y gritando la mujer dio su nombre; se llamaba Esperanza y le pedía ayuda al reconocido “encantador de perros”, suplicándole que agarrara el primer vuelo con dirección hacia su país con el fin de solucionar una fuerte crisis por la que pasaban. La mujer le comentaba que en su país existían cifras alarmantes de rebeldía de los canes hacia sus dueños, y éstos últimos, desalentados, creían no poder nunca más re-educar a sus perros. Al finalizar la angustiante llamada, Millán, horrorizado, accedió a ayudar a aquel pobre país que lo había conmovido tanto con su situación.

A las pocas horas, luego de haber hecho sus maletas, Millán –que también se hace llamar a sí mismo el “líder de la manada”- emprendió motivado su camino hacia aquel país que había solicitado con tanta urgencia sus servicios.

Luego de permanecer casi veinte horas en la sala de espera, pues la aerolínea que le había vendido los tiquetes para su viaje se encontraba en paro de trabajadores, el Encantador de Perros pudo al fin llegar a su destino acompañado de su fiel perro Junior. Sin embargo, justo a la salida de la sala de equipaje un guardia de seguridad lo detuvo explicándole que tenía que decomisar a su mascota, pues los Pitbull no eran permitidos en la ciudad sin su bozal. A pesar de que Millán intentó explicarle quién era y dar cuenta de la maravillosa conducta de su perro, el pobre Junior terminó siendo enviado injustamente a Zoonosis, donde su dueño tendría que reclamarlo en un plazo determinado, antes de ser asesinado y convertido en salchichas.

A los pocos minutos Esperanza llamó a Millán para explicarle cómo llegar al centro de la ciudad y, posteriormente a la ostentosa sede del Poder Judicial del país. Además le brindó información para reclamar a su mascota, pidiéndole el favor de que saludara a una tal Ingrid de su parte cuando llegara.

Al llegar a Zoonosis Millán rescató a su perro y preguntó luego por Ingrid. Lo condujeron hacia una celda donde se encontraba recluida una perrita. Al parecer no había comido hace mucho, se notaba débil y delgada. Su pelaje se encontraba en muy mal estado, no se sabía con certeza qué raza se escondía tras esa selva de pelo. El funcionario de la perrera le comentó que Ingrid era una perrita terca que fue traída por un grupo armado ilegal que la encontró en una zona rural. La perra había pasado varios años en la celda, sin embargo nadie quiso adoptarla.

La mirada triste y perdida de Ingrid conmovió tanto a Millán que decidió sacarla de su encierro y darla en adopción a algún amigo suyo. A los pocos días se supo, luego de quince baños de espuma y varias sesiones de peinado, que la perrita era en realidad una refinada French-Poodle y que ya estaba viviendo feliz en su lugar de origen. Sin embargo, Millán también se enteró sorpresivamente de que Ingrid había interpuesto una demanda en su contra al poco tiempo de haberla rescatado.

Luego de varias horas de tráfico y de ver sorpresivamente a un gran número de animales al volante, Millán llegó a la zona de Poder Judicial. Al entrar no pudo evitar abrir la boca con estupefacción. En su rostro se percibía el horror y el asombro de la escena que estaba observando: una gran cantidad de perros andaban de un lado a otro por todo el lugar, vistiendo sus trajes y maletines de negocios. Una mujer se acercó afanosamente para presentarse, era Esperanza, y se ocupaba como secretaria del despacho.

La sorpresa fue aún mayor cuando llegó a la oficina del Alcalde junto con la mujer. Al abrir las grandes puertas, Millán se topó con un pequeño Pug de gafas y ojos saltones que arrastraba su trasero sobre todo el alfombrado de la habitación ayudado por sus patas delanteras. El Alcalde ni se dio por enterado de la llegada del Encantador y siguió con su labor mientras jadeaba con la lengua afuera. Esperanza explicó serenamente que en parte de su jornada laboral, el Alcalde se dedicaba a realizar esta particular actividad y que una conducta característica de casi todos los perros Alcaldes era que tenían la mala costumbre de esconder o desaparecer todo lo que se les daba: Varas, pelotas, medias, huesos, recursos públicos, entre otros.

Antes de comenzar su entrenamiento canino especializado, el Encantador de Perros decidió que primero echaría un vistazo al resto del lugar y al resto de los perros. Mientras caminaban hacia la siguiente sala, Millán notó que en los pasillos no se hacía sino rumorear; los chismes iban y venían, y fue imposible evitar escuchar algunos. Se comentaba que habían desórdenes en las conductas e impulsos sexuales de algunos perros, pues hacía poco habían encontrado a un perro de la DEA pegado a la perrita Dania en un cuadro desgarrador e impactante. Además se decía que el perro presidente de un país cercano resultó con tres penes, porque se le multiplicaron.

El hedor de los perros y del lugar era insoportable, así que Millán decidió asomarse por una ventana y tomar aire fresco. A lo lejos, en la plaza central, se observaba una perra con turbante y algo pasada de kilos que corría tratando de escaparse de varias cámaras y periodistas que la acechaban. Millán, extrañado, le preguntó a Esperanza sobre lo que estaba presenciando. Ella le respondió que recientemente la perrita se había tirado un pedo, y los medios intentaban conseguir la noticia, pues hasta un pedo de aquella canina era motivo de escándalo, agenda política y noticia para los principales medios del país.

Al poco tiempo se encontraban en la sala de audiencias del congreso. Estaba prácticamente vacía, a excepción de unos pocos perros que defecaban o dormían sobre sus puestos de trabajo, y otros que perseguían con alegría sus colas y se lamían sus partes. Millán intrigado intentó localizar a los demás senadores, pero no se hallaban por ninguna parte. Esperanza explicó que hace algunos días varios de ellos decidieron dejar de asistir hasta no recibir ocho millones de pesos en purina, galletitas y juguetes innecesarios, y que aún después de haberlos recibido se negaban a presentarse al trabajo. La rebeldía de los canes preocupaba cada vez más al Encantador, quien nunca había visto cuadros semejantes en los perros con los que antes había trabajado.

Justo en ese momento se toparon con Roy. La secretaria inmediatamente se arrodilló inclemente para rogarle al Encantador que entrenara a ese animal. Millán lo observó con detalle y con una expresión de descontento le explicó a la mujer que para esa labor habría que contratar al Cazador de Cocodrilos, pues el entrenaba perros… no lagartos. Continuaron su recorrido teniendo cuidado de no pisarle la cola al senador, quien se escabulló rápidamente por un agujero en la pared.

Así fue que por fin llegaron al cuarto de la presidencia. Y sin haber abierto las puertas del lugar, ya las manos de Millán sudaban y apretaban con fuerza los puños, preparándose para afrontar lo que se avecinaba. Adentro se escuchaba un gran alboroto. Empujaron las puertas.

Unas cuantas lágrimas rodaron por el rostro del Encantador al ver la terrible escena: una gran cantidad de perros de todos los semblantes corrían por toda la sala, se subían en los muebles y destrozaban todo lo que encontraban a su paso. Habían varios grupos y manadas en el lugar. Una de ellas mordía ferozmente una bandera con una “C” rompiéndola en pedazos, mientras los miembros de otra manada orinaban sobre otra con una “U” en el centro. Por doquier se observaban manadas de perros y perras mordiéndose y arañándose entre ellos, también ladrando y defecando sobre un sin fin de banderas con todas las letras y colores posibles. En toda su carrera, Millán no había visto un comportamiento parecido.

La secretaria comenzó a hablarle al Encantador sobre cada uno de los perros, cuando de repente sintieron un leve olor a quemado. ¡Pachito acababa de electrocutar a uno de los perros de otra manada! Millán corrió a ayudar al perrito, que ahora tenía un aspecto electrizante de Chow-Chow y aullaba pidiendo auxilio. Pacho era un inquieto y nervioso perrito chihuahua que, según Esperanza, se la pasaba detrás de otro perro, Alvarito, oliéndole el trasero. Algo malhumorada, la secretaria puso a pachito en un bolso, se lo terció como accesorio al estilo Paris Hilton, y acto seguido lo sacó de la sala.

En esas, Millán notó que un par de perros luchaban a muerte. Apresurado dejó al agonizante Chow-Chow en el suelo y se dirigió hacia los feroces canes. Eran un viejo Bulldog Francés y un Beagle ruidoso. El Bulldog intentaba descansar sobre un gran cojín mientras el otro, de pie, intentaba sacarlo del lugar enseñando sus colmillos. En la placa de ambos se leía “Juanma” y “Alvarito”. La secretaria volvió en ese momento y le explicó al Líder de la Manada que el Beagle, Alvarito, había dormido y orinado durante ocho años sobre aquel cojín, y que luego de casi cuatro años aún le resultaba difícil comprender que ahora le pertenecía al Bulldog de cara arrugada, el actual presidente del país.

De repente, al escuchar a Esperanza llamando a Millán por su apodo, Alvarito se dirigió hacia él con furia. Como de costumbre, babas y espuma le chorreaban del hocico. Su intenso y repetitivo ladrido hacía que los tímpanos quisieran explotar. Millán logró comprender al instante que el repentino cambio de conducta de Alvarito hacia él se debía a que el ruidoso Beagle tenía ínfulas de querer ser el único Líder de la Manada. La secretaria le contó también al Encantador que había que hacer algo con la terrible maña de Alvarito de enterrar y esconder los huesos de falsos positivos en el jardín.

El arrugado Juanma, por su parte, parecía muy molesto. Cuando Millán lo examino notó que estaba infestado de pulgas. Una vez mas Esperanza le comentó que éstas eran producto de un reciente Paro Agrario. Las pulgas parecían diminutos campesinos que lo picaban una y otra vez, pero a pesar de la evidente sarna que desarrolló y que lo estaba matando, la conducta de Juanma hacía dar a entender que para él esas tales pulgas y su paro no existían. Millán notó enseguida que una esquina del cojín estaba rota. La secretaria se apresuró a explicarle que un día, mientras Juanma dormía como de costumbre, un perro nicaragüense le arrebató ese pedazo.

El Encantador notó un rastro de trozos de papel rasgado sobre el piso y se encaminó a seguirlo. El rastro terminaba en un viejo sofá. Cuando Millán se agachó para ver lo que había debajo descubrió a un viejo Shar-Pei  -con papada de procurador colgante- destrozando lo que parecía ser la Constitución Política. Nuevamente el horror se apoderó del tan aclamado Líder de la Manada. Entre arcadas le pidió a Esperanza que salieran de la sala, pues las ganas de vomitar al ver el ambiente eran incontenibles, ni en sus aventuras en la selva vivió tan pesada situación.

Al salir, César respiró hondo, contuvo sus lagrimas y miró fijamente a la secretaria.

-Perdone Esperanza, pero no puedo ayudar a su país con la miserable situación que padecen. A lo largo de mi vida me he encargado de entrenar y “encantar” a cientos de perros de todo el mundo, con las peores actitudes que puedan verse. Sin embargo, sepa que éste es un caso distinto. Lo siento, pero no soy la persona que buscan, ni soy de utilidad alguna para solucionar su problema: me he especializado en encantar perros… no bestias.

LA CASITA DEL TERROR

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LA CASITA DEL TERROR

Todo empezó con el que se inventó las reuniones de campaña, los cocteles políticos y todos esos festejos sin sabor de la alta sociedad a la que asiste desde el primer hasta el último “vinculado” a la política que cree que el entrar en uno de estos agasajos lo convierte en el más ilustre de los caballeros de la política colombiana y porque no, le ayuda a subir uno o dos peldaños en la escalera tan perfecta y honorable de las clases sociales del país.

Aprovechando el mes de Octubre y con motivo de la celebración de Halloween se viene uno de estos festejos característicos del círculo político. Esta vez, la fiesta del día de las brujas está organizada por Piedad: la bruja mayor, la directora del aquelarre que conforman Yidis que se disfrazara de una de las pinturas de Botero y Enilce que por supuesto usara su disfraz de gata.

Esta celebración que tratará de imitar la casita del terror se llevará a cabo en el Congreso de la República, y no porque se parezcan sino porque por supuesto, para tal agasajo se necesita un lugar que se acomode a las necesidades de las organizadoras y de los asistentes. La lista de invitados es amplia, desde actores que implotaron de la televisión para hacer eco en la política como Gregorio Pernia que se disfrazara de prueba de embarazo negativa evocando así un intento fallido, hasta el más político de los políticos que contradictoriamente se disfrazará de político para realmente ser por una noche eso que intenta ser durante 365 días.

Para hacer más activa esta fiesta se organizarán diferentes comparsas las cuales estarán encargadas de representar diferentes temáticas, además con la intensión que estas colaboren en algunos aspectos. La primera comparsa es la de las bebidas alcohólicas. El inconveniente de este grupo es la fuerte pelea de dos de sus integrantes por liderarlo. El senador Eduardo Merlano no concibe perder el liderazgo de su comparsa a cargo de un “nuevo ebrio” como lo es el concejal de Chía, Carlos Enrique Martínez, que personalmente creo que ganará esta disputa pues se valdrá de su prosa para convencer a los demás integrantes de la comparsa, pues si logro convencer a todo un país de que en su último suceso bochornoso en el que fue protagonista de una persecución estilo Hollywood por la capital del país, de que el conducía a menos de 15 km por hora, será capaz de vencer al senador Merlano ya inhabilitado.

Finalmente esta comparsa está integrada por el embolador “Lucho” que se disfrazará de caja de aguardiente, Jorge Marino el hijo del concejal Hernando Marino que se disfrazará de striper pues no podemos olvidar que hace unos meses fue detenido por la policía mientras manejaba su carro y cuando descendió del mismo lo hizo solo usando una toalla que lo cubría de la cintura para abajo, además ira acompañado de las mismas tres mujeres que iban con él en su auto el día que se puso al desnudo su bochornoso incidente. El último integrante de esta comparsa será el ex alcalde Luis Eduardo Garzón que irá disfrazado de Cupido y que impregnara sus flechas con un poco de tequila, el que dicen que es el trago deshinibidor de las mujeres, a ver si de esta forma logra flechar a la periodista Darcy Queen para que esta lo perdone por lo que dijo tres años atrás, pues supone que debe estar muy molesta por haber dicho que a ella le metían la cámara por “detrás” para no sonar igual de vulgar a las palabras alcoholizadas de este ex aspirante a la presidencia.

La siguiente comparsa aunque más pequeña será la encargada de poner la cuota animal de la fiesta. Simón Gaviria que tenía listo su disfraz de Simón el Bobito que en vez de probar pasteles, en una versión más moderna, leería de manera incompleta la reforma a la justicia, deberá ir disfrazado de mico y no porque él lo quisiera así, sino porque en su invitación decía de manera explícita que obligatoriamente tendría que usar ese disfraz. Triste imposición pública liderada por el aquelarre que a Gaviria le tocó acatar sí o sí. En esta comparsa lo acompañará Rafael Pardo, que irá disfrazado de lagarto, también por imposición de la organización del evento, pues parece que Piedad no le perdona el puñado de adulaciones que lanzó sobre el actual presidente Juan Manuel Santos cuando éste solo llevaba un año de mandato, para tratar de plantear su reelección. A esta comparsa por supuesto y para cerrarla con broche de oro se sumará Ernesto Samper, quien será el único que no ira disfrazado por obligación porque autónomamente decidió disfrazarse de elefante, pues dice que es mejor burlarse de uno mismo antes que los demás lo hagan. Mala decisión.

Por ultimo queda nombrar a aquellos que asistieron a la fiesta y no quisieron trabajar en comparsas porque no saben trabajar en grupo. El ex presidente Uribe quien conformaría la comparsa/dupla de los súper héroes junto al actual presidente Juan Manuel Santos, decidió asistir con otro acompañante a esta fiesta pues él quería disfrazarse de Batman y “Juanma” de Robín, pero esto fue motivo de pelea. El ex mandatario le había prometido a Pachito Santos que él usaría ese disfraz, lo que finalmente sucedió. Así que Batman y Robín asistieron como pareja a la casita del terror, mientras que Juan Manuel tuvo que disfrazarse de Llanero solitario, porque ni su vicepresidente, Angelino Garzón, quiso acompañarlo, ya que decidió hacer parte de la comparsa de los animales y disfrazarse de lechón.

El show central de la fiesta estuvo a cargo de Valerie Dominguez y de su ex novio Juan Manuel Dávila que iban disfrazados de los cantantes del grupo Pimpinela. El lio fue que al interpretar la canción “Olvídame y pega la vuelta” Juan Manuel se dejó llevar por la frustración que le causaba oír a Valerie decirle que olvidara “su nombre, su cara y su casa” y dejó de cantar lanzándole el micrófono a la cara y decorandola con un morado que difícilmente podrá ocultar.

La fiesta terminó alrededor de las tres de la mañana cuando descubrieron a la bruja Piedad llorando en un rincón del Congreso porque la comparsa del robo integrada por los hermanos Moreno Rojas acompañados por los Nule habían robado su turbante. Pero nadie quiso defenderla, ni Batman y Robín, todos prefirieron desalojar el Congreso. Indignado, el llanero solitario llevado por uno que otro trago, se apoderó de un micrófono y gritó provocando la burla de todos los asistentes que ya desalojaban el Congreso: “que siga la fiesta, el tal robo no existe”.

No olvidemos al ‘Bolillo’

Queridísimo ‘Bolillo’:

Hoy recurro a ti porque sé que son muy pocos los que por estos días de celebración se acuerdan del aporte tan grande que le diste a nuestra Selección Colombia para que ésta clasificara nuevamente, luego de 16 años, a una copa del mundo, a la próxima cita mundialista, la más importante en el mundo del fútbol. Y casualmente fuiste tú el encargado de clasificarnos a aquel Mundial que hoy los colombianos recordamos como el último. Es como si estuviera escrito que tú, y solamente tú, fueras el único capacitado de llevar al equipo de todos los colombianos a la competencia madre de todos los fanáticos del deporte rey.

Pero existe una pequeña diferencia entre el proceso que nos llevó a los colombianos al Mundial de Francia 98 con el que nos acaba de instalar en Brasil 2014. En el camino para Francia, el profesor Hernán Darío Gómez dirigió todos los partidos que nos terminarían clasificando a la Copa del mundo. Pero en el camino para Brasil, curiosa y sabiamente, el profesor ‘Bolillo’ no dirigió un solo partido.

Sin embargo, antes de continuar con esta pequeña comparación, me gustaría hacer un breve repaso de tu carrera como director técnico, para mostrarle a la gente lo afortunado que somos todos los colombianos por tenerte como compatriota:

 

Tú, queridísimo ‘Bolillo’, que a Colombia clasificaste junto a ‘Pacho’ Maturana para el Mundial de Italia 90, y veíamos cómo de a poco nacía un técnico con carácter y frescos ideales. No te preocupes si la gente dice que clasificamos a ese Mundial por tener a jugadores como Carlos ‘el Pibe’ Valderrama, Freddy Rincón, René Higuita, Leonel Álvarez o Andrés Escobar, estoy seguro de que tus sabios conocimientos fueron los que lograron que pudiéramos a Alemania empatar y a octavos de final clasificar.

Tú, queridísimo ‘Bolillo’, que lograste tu primer título como técnico por allá en el año 91, cuando dirigías a Atlético Nacional, nos demostraste una vez más que eras un entrenador con proyección y credibilidad. Por eso es que hoy no entendemos cómo es que ese título es el único que tienes en tu historial, sabiendo que por tu decencia, constancia y conocimientos, fácilmente podrías estar compartiendo ideas con técnicos de élite mundial, como Pep Guardiola, el fenomenal.

Tú, queridísimo ‘Bolillo’, que nuevamente junto a ‘Pacho’ a Colombia lograste clasificar para el Mundial de Estados Unidos 94, eras uno de los encargados de manejar al mejor equipo colombiano de la historia, cuando nos catalogaban como candidatos para la Copa del Mundo ganar. Lastimosamente perdimos frente a Rumania y el local, ridículo tuvimos que pasar, y rápidamente a casa tuvimos que regresar.

Tú, queridísimo ‘Bolillo’, que por tus indescriptibles aptitudes e innumerables logros, quedaste encargado de nuestra selección tras la salida de Maturana, clasificaste a Colombia a la cita de Francia 98, lo que hasta el día de hoy ha sido nuestro último Mundial. No le pongas cuidado a los que argumentan que nos clasificaste porque ya contábamos con una base consolidada de jugadores, porque era difícil clasificar con todos esos pecadores. Nuevamente en primera ronda nos tuvimos que regresar, luego de que a Rumania e Inglaterra no pudiéramos derrotar. Pero no creas en los chismes que aseguran que no tuviste manejo de grupo, a pesar de que Faustino se voló de la concentración porque supuestamente en el equipo ‘no cupo’.

Tú, queridísimo ‘Bolillo’, que luego quisiste ir a dirigir a otro lugar, y para Corea y Japón 2002, y por primera vez en su historia, a Ecuador lograste clasificar. Qué logro aquel tan espectacular, ya nadie te podía criticar. Tan sólo te podían molestar, con que te afeitaras tu elegante bigote sin pesar.

Tú, queridísimo ‘Bolillo’, que un 6-1 en contra te obligó a renunciar, cuando en la Copa América de Perú 2004 a Ecuador buen fútbol querías poner a jugar. Luego quisiste seguir con tus experiencias internacionales, y a Guatemala en 2006 llegaste pensando que era un reto interesante. Lastimosamente, el país centroamericano no es tan futbolero como tú, porque de serlo, no te habrían acusado de gurú, cuando dos años después un seleccionado argentino sub 23 te bajó la luz, te clavó un 5-0 y ni siquiera te recibió un país como Perú.

Tú, queridísimo ‘Bolillo’, que a Colombia tuviste que regresar, luego de que con el nombre de La Debacle de Los Ángeles, los guatemaltecos tu exitosa experiencia tuvieron que catalogar. Independiente Santa Fe en 2008 te ofreció una oportunidad, y dos torneos tuviste que disputar. En ninguno de ellos entre los 8 pudiste clasificar, aunque seguramente fue porque los jugadores tu mensaje internacional no lograron captar.

Tú, queridísimo ‘Bolillo’, que luego, en 2012, el equipo de tus amores te dio la oportunidad de dirigir, y al Medellín subcampeón sacaste sin discutir. Pero seis meses más tarde te tuviste que ir, porque al equipo peleando el descenso casi lo ves morir. No creas en los que aseguran que el Medellín pelea descenso por tu culpa, seguramente la institución no estaba preparada para una figura prestigiosa y sabia como la tuya.

Tú, queridísimo ‘Bolillo’, que antes de dirigir al Medellín volviste al cargo que tanto anhelabas. A la Selección Colombia regresaste, para luego de 16 años, y junto a toda Colombia, a un Mundial clasificarte. Asumiste en 2010, para luego en 2011 la Copa América dirigir. Tuviste un desempeño digno de repetir, y a cuartos de final nos dejaste ir. Pero antes de arrancar la Eliminatoria, decidiste que era buena idea a un bar irte a rumbear. Llevaste a una compañera sospechosa y por beber un poco de más terminaste acariciándola de manera estrepitosa.

Tú, queridísimo ‘Bolillo’, que te viste obligado a renunciar porque un malentendido el país no supo interpretar. La Selección de urgencia a Pékerman tuvo que contratar, y Colombia felizmente al Mundial Brasil 2014 pudo clasificar.

Tú, queridísimo ‘Bolillo’, que pocos días después de la clasificación, declaraste valiente y cortésmente que “Me voy a montar en ese bus, así a muchos les duela”. No tienes por qué enojarte con nadie, si parte del proceso tú hiciste parte. Todos los colombianos debemos agradecerte, aparte, por la excelente idea de antes de las eliminatorias ir a rumbearte.

Así que por supuesto que en el bus debes montarte, porque si no hubieras renunciado por ser un extraordinario tomador social y la viva imagen del macho mexicano de comienzos del siglo XX, ningún colombiano podría amarte. Tampoco podrías en Brasil (de alegría) embriagarte, y ser ídolo como cuando al Mundial de Francia 98 a Colombia clasificaste.

 

Juan Pablo Gutiérrez de Piñeres

Y mi amigo imaginario me abandonó…

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Por: Christina Gómez Echavarría

Mi infancia no fue como la de muchos. No viví en la misma casa años y años. No veía a mis familiares con frecuencia. No tenía mascotas. En los primeros 13 años de vida viví en Bogotá en tres ocasiones diferentes, en Medellín dos, en Filadelfia una, y en Miami otra. Entre una y otra estuve en 11 colegios diferentes antes de cumplir los 13 años; no por mala estudiante, ni por desobediente, simplemente mis papás querían lo mejor, y me cambiaban a colegios mejores. Mis memorias son borrosas precisamente porque no había ninguna constancia. Cuando se vive de esta manera es importante tener una imaginación totalmente afinada.

Por esto nació Juan Pablo, mi primer amigo imaginario. Cuando le presenté a Juan Pablo a mi mamá por primera vez, abrió los ojos y respiró profundo tratando de convencerse de que eso era normal en una niña de mi edad; lo que la preocupaba era que fuera hombre. “¿No te parece lindo, mami?” le pregunté con absoluta certeza de que lo podía ver. Le hice la misma pregunta a mi papá y de inmediato se puso celoso. Juan Pablo tenía pelo negro crespo, era más alto que yo y me amaba. Tenía la risa más contagiosa.

Nos gustaba jugar a perseguirnos en bicicleta, a dibujar extraterrestres, a pasarnos la pelota aunque a él no le gustaba y yo siempre tenía que hacer el doble del esfuerzo. Es el amigo más viejo que tengo, ya que por obvias razones no me acuerdo de la gran mayoría de mis contactos infantiles. Cuando mis papas me regañaban, Juan Pablo siempre estaba ahí para hacerme compañía, para limpiarme las lágrimas y mientras mis papás pensaban que yo estaba “reflexionando” en verdad estaba jugando con mi mejor amigo.

Un día en Medellín, mi papá y mi mamá nos sentaron a mi hermano y a mí en la cocina. “Nos vamos a vivir a Estados Unidos” dijeron. Mi papá iba a hacer un máster, quería que nosotros aprendiéramos inglés y dijo que sería una gran oportunidad de aprendizaje. Yo no me quería ir, no quería otro colegio, no quería dejar a mis amigos (los de verdad), ni mi casa. Corrí por todas partes buscando a Juan Pablo. No estaba en el jardín, ni debajo de mi cama, ni en el estante de arriba de la biblioteca, ni en el bar de la sala.  No lo encontraba en ninguna parte. Seguro estaba jugando a las escondidijas. Pero este no era el momento oportuno, lo necesitaba. Me metí a mi cama llorando, esperando que fuera por mí a conciliarme. No llegó y lo esperé noche tras noche. Nunca volvió. Creo que escuchó cuando mis papás me dijeron que nos íbamos y sabía  que todo iba a cambiar, sabía que no iba a caber en el equipaje, y sabía que nunca iba a aprender inglés.

Lo único es que me hubiera gustado que se hubiera despedido. Simplemente se desvaneció. Fue la primera vez que perdí a un amigo, fue la primera vez que se me rompió el corazón.

La famosa mojarra

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LA FAMOSA MOJARRA

Eran las nueve de la noche de un domingo en Bogotá. Me devolvía con mis papàs de un paseo. Las gotas de lluvia se resbalaban por la ventana y la congestión de Soacha no podía hacer más despedidor el panorama. Fue entonces cuando le solté la frase a mi mamá: “Mami, tengo que llevar un pescado para mañana”. Dije las palabras pasito esperando que el regaño no fuera tan fuerte, pero vi venir la muerte cuando se voltiò y empezó el repertorio de reniegos.

-¿De dónde voy a sacar yo un pescado a las nueve de la noche? ¡Juanita tu como no me avisas antes! – me decía mientras mi papá le hacía coro: -No hay derecho, no hay derecho-

Yo nunca fui irresponsable, pero tampoco era de las que llevaba los lápices marcados ni la agenda perfectamente completa. Estaba en quinto de primaria y era apenas lógico que la piscina me hiciera olvidar la tarea de Biología.

Después de casi diez minutos de regaño limpio, mi mamá optó por hacer lo que cualquier buena mamá a las nueve de la noche haría si su hija le pide un pescado. Nos fuimos para Carulla. Mi mamá se bajó, no me dirigía la palabra y acto seguido no tuvo ningún inconveniente en comprarme una mojarra en bandeja de icopor. Nos subimos al carro y yo quede tranquila. Había logrado bajar a mi mamá a un supermercado a hacerme la tarea.

Pero la alegría de la noche se convirtió en la burla de la mañana. Llegué al colegio con mi bolsita perfectamente marcada (ésta vez sí), y el pescado adentro. Luz Ángela, mi profesora de Biología iba a quedar feliz. Yo lo sabía, yo lo sabía. Caminé por el pasillo orgullosa de mi mojarra. Era grande, brillante y carnosa. No se la quería mostrar a nadie porque les dañaba la sorpresa.

 Entré al salón y de pronto mi cara de satisfacción pasó al horror como cuando alguien está a punto de ahogarse. Laura Rosales, la niña más aplicada del curso, traía un acuario con todas las especies posibles de peces. Desde pez espada hasta un pulpo. Alejandra López también me había ganado. Tenía una bolsita de plástico llena de agua y un caballito de mar nadando. Yo, tenía que ser yo, tenía un cadáver de pescado que olía a caño.

Era evidente. Había hecho mal mi tarea. Fue tal la risa del curso, que no tuve de otra que reírme también y esperar el regaño de mi profesora. Pero Luz Ángela solo soltó una carcajada porque no sabía a quién regañar, si a mí o a mi mamá.

 Por Juanita Vélez Falla

Cielo.

Por Ginna Ávila
Mi  papá era un abogado flaco y alto de 1.87 de estatura,  que le ponía música a todo. Por las mañanas  se despertaba para convertirse en cantante profesional de ducha y luego salía corríendo a coger la guitarra para darnos una serenata.

Mi madre  afanada intentaba hacer que de alguna manera papá  desayunara.  Pero a él eso  no le importaba;  a mí tampoco  porque  me fascinaba escucharlo, a veces inclusive hacía intentos de tocar organeta  o acompañaba sus canciones cantando a grito herido.

-¡apúrate cielito, que se nos hace tarde! – Reclamaba   mi madre que es mas bien pequeña y  en esos momentos parecía un  chihuawa ladrándole a un pastor alemán. Papá  no le hacía caso,  en vez de eso le contestaba con una canción de los auténticos decadentes:

-“Por que yo…no quiero trabajar, no quiero ir a estudiar no me quiero casaaaaar. Quiero tocar la guitarra todo el diiiía  y que la gente se enamore de mi  vooooz”-respondía papá guitarra en mano.

-¡Que te apures!- la paciencia se le agotaba a mi madre.

-Tranquila, cielita.- la calmaba papá.

Él entendía que la cosa se iba poniendo seria. Desayunaba encartado, un sorbo de café ,  un rasguño a las cuerdas de la guitarra. Otro sorbo de café , un mordisco al pan, se arreglaba  la corbata  y cantaba  la estrofa de una canción. Al final a mi madre se le colmaba la paciencia  y salía furibunda, mientras él seguía cantando, siempre calmado.

Cuando las cosas se ponían realmente mal yo  tenía concierto acústico de aterciopelados : -“ malo si , sí… malo si no .. ni pregunteeeees…..” papá se saltaba el otro pedazo y seguía cantando “ que si  vengo , que no voyyy que si estoyyyy , que me pierdooooooo”.

Cuando mamá empezaba a desesperarse llegaba lo mejor de todo , mi papá la miraba directamente a los ojos y empezaba a cantar la canción que  la derretía y que pocos conocen.

-“ Perdón por la tristeza y el daño que causé … perdón por que te quieeero , te quieeeero , te quieeeero…. Te quiero amor te quiero, y te quiero mas que ayer…” mi mamá caía rendida, el regaño se acababa de inmediato. Ella, blanquísima  y  bajita  se empinaba  como si tratara de alcanzar el sol,  mientras  él se acercaba a ella para besarla en la boca. Parecían un par de adolescentes.

Entonces entendía porque ella lo llamaba cielo.

Papá murió  en el 2006 y se fue con sus 2 canciones favoritas, la primera : la Samba de la esperanza. La segunda se la metí  escondida en un papelito  dentro del ataúd antes de que lo enterraran. Era la canción que le cantaba a mi madre. Sabía que aunque ella no cantara, también quería  pedirle perdón  si alguna vez lo había herido. Yo solo quise darle ese último regalo,  para que cuando estuviera en eso otro  cielo no se le olvidara de la letra y pudiera enviársela a mamá enredada en el viento.