Los guayos de Mr. Hyde

Por: Daniel Canal Franco

Yo creo ciegamente que el futbol es para bipolares, y digo bipolares en el mejor sentido de la palabra. Aunque es un reflejo de la vida son realidades alternas, la cancha consume, y consume a tal nivel que no hay patadas que duelan más que la derrota. Jugando se pierde el instinto de conservación en función de la pelota. Fuera de la cancha está el Doctor Jekyll, el correcto, el oportuno, el caballero… el “Doctor”. Jekyll no duraría en el campo. Pero el balón es la pócima y Mr. Hyde es el jugador de fútbol, es el perro consumido que solo tiene ojos para la pelota. Por eso no entiendo a los comentaristas y eruditos (porque todos creen que son eruditos) que hablan con desdén sin saber qué es ser Hyde con la camiseta.

Esta idea – que llevo cultivando un buen tiempo – nació a raíz de un comentario del “Profe” Carlos Antonio Vélez en el mundial del 2010 en Sur África. Estaban jugando Argentina contra Nigeria en la fase de grupos y Messi, siempre Messi, hacía y deshacía con la defensa africana. Nigeria reaccionó y Messi no volvió a tener el balón más de un par de segundos porque era cortado de un tajo con faltas tácticas. El concepto es fácil: Messi no produce = Argentina no produce. El “Profe” descuartizó a los nigerianos porque lo que hacían con Messi era una ofensa al buen fútbol. Los nigerianos no estaban pensando en el buen fútbol, Hyde estaba tratando de defender un partido ante un rival superior de la única manera que podía. No tenían el talento pero si la fuerza y esa era su carta. Y la jugaron.

Al ponerse los guayos, los botines, los tacos, the boots, no importa como lo llamen el cuerpo se siente diferente. Los pies son más livianos y elásticos, el aire es menos denso, y son lo suficientemente apretados para que hasta caminar sea diferente. Yo creo que el “Profe” y muchos otros nunca han sentido eso, o no entienden. Él dice que de joven fue arquero, me quedan mis dudas.  Y una cosa es jugar con amigos, otra pararse ante sesenta mil espectadores y tratar de sobrepasar a diez nigerianos que te van a perseguir como perros de caza.

Es fácil decir “no puede perder los nervios, eso es ser profesional” cuando va a cobrar un penalti. Martín Palermo erró tres contra Colombia en la copa América de 1999 y marcó su salida de la selección. Roberto Baggio erró en 1994 e Italia perdió la copa del mundo con Brasil. Y no eran comentaristas, eran delanteros de primer nivel que estaban nerviosos. Si a Cristiano Ronaldo, Messi, Sergio Ramos y Beckham les dan nervios, por qué los comentaristas no lo entienden. A mí me gustaría ver al “Profe” en el arco frente a sesenta mil espectadores a ver si le queda algo de esa serenidad inalienable.

Y lo digo porque juego como aficionado. A mi nuca me han visto más de doscientas personas, pero son suficientes para que todo sea más pesado y me sienta lento. Para que me chiflen un error o me aplaudan un acierto y yo trate de no perder la compostura. En el colegió me resbalé cobrando un penalti con la tribuna llena (las doscientas personas), mi equipo perdió la semifinal y todavía me lo recuerdan. No me imagino lo que Baggio o Trezeguet sintieron al perder un mundial desde el punto blanco. Si a mí me lo recuerdan ellos deben soñar con eso. El “Profe” diría que fueron errores infantiles por no saber manejar los nervios, pero él nuca los ha sentido.

Para terminar quiero citar a Hernán Casiari, periodista deportivo, que en una columna explica lo que yo trato de decir. Para él Messi es un perro, sin importar las patadas que reciba el persigue la pelota ciego y sordo, y es el mejor para hacerlo; Hyde. Fuera de la cancha es otro postadolescente un  poco tonto que se le dificulta el español y no puede cerrar la boca; Jekyll. Pero se transforma radicalmente cuando toca el balón, y eso es algo que quienes no lo sienten nunca lo van a poder entender.

Bogotá para surfistas

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Por: Daniel Canal Franco

Rubios, de ojos claros, los dos miden más de un metro ochenta; y no hablan una palabra de español. Esos David Boon y Mitchell Bate, un australiano y neozelandés, respectivamente, que decidieron venir a Colombia. Claro está, las motivaciones de ambos eran completamente diferentes: Mitch quería visitar a su novia, él es el romántico; y Boony, el loco, quería ver de primera mano un “coke farm”, o lo que él pensaba que era una finca de cocaína.

Como buenos embajadores del turismo, quienes los recibimos les hicimos una recapitulación de la historia del país empezando porque los colombianos no teníamos los bolsillos llenos de cocaína. Pasamos por el nacimiento de las guerrillas en el sesenta, los ochenta de los grandes carteles, la muerte de Pablo Escobar, Pastrana y su proceso de paz, Uribe y su mano fuerte y corazón grande, hasta llegar a Santos. Esto con el fin de convencerlos de que Colombia no era el país de Mr. and Mrs. Smith. Boony quedó decepcionado y Mitch no le quitaba los ojos a su novia.

Con este antecedente de patriotismo estábamos sentados en la terraza de un bar frente al Centro Andino. Unos cachacos hablando de cualquier cosa con unos gringos – porque todos los extranjeros que no hablan español acá son gringos – que no tenían le menor idea de dónde estaban parados. Entonces un hombre que iba por el andén se abalanzó sobre la mesa con la baranda al ombligo, agarró una cartera, elástico volvió al andén, y se montó en una moto que lo estaba esperando.

Fuck yhea, that´s what I´m talking about (eso es de lo que estoy hablando).

Claramente el grito fue de Boony, que al fin estaba viendo el espectáculo por el que había pagado.

Tratamos de remediarlo, pero el daño ya estaba hecho: Colombia era un país peligroso. Solo nos quedaba defender que en los supermercados no vendían paqueticos de cocaína. Que no todo el mundo consumía.

Después del incidente los llevamos a bailar. Los dos surfistas de cuerpo atlético eran el centro de atención por su apariencia, no por su ritmo con la salsa y el reggaetón. Igual la estaban pasando bien. En medio de la fiesta un actor que ha salido varias veces en el prime time se le acercó a Boony. Volvió al minuto y a los dos gringos les empujó una pastilla de algo. Mitch la escupió y a los diez minutos Boony estaba eufórico.

Fuck yhea, that´s what I´m talking about.

Cuando yo salgo de noche no me atracan, no me encuentro con actores, no me meten pastillas en la boca… pero yo no soy un surfista australiano que habla pegando las palabras en inglés con acento nasal.

Barrismo social

Diego Andrade Jimeno

 

Cuando oigo a la gente opinar sobre las barras bravas se me hace un nudo en el estómago. La mayoría habla con propiedad acerca de aquellos criminales que usan las camisetas de los equipos de fútbol y que el gobierno debería adoptar medidas para erradicar a todos estos desadaptados. Pero la realidad nunca es en blanco y negro, siempre hay grises que obligan a analizar los acontecimientos desde una perspectiva objetiva.

 

 

 

Los hechos ocurridos en Bogotá y que desencadenaron la suspensión del partido más importante del fútbol colombiano, hizo que la opinión pública se fuera encima de los hinchas y sus actividades. Lo que mucha gente ignora es la realidad que viven algunos “barras” y que los jóvenes no tienen más opción que buscar una salida dentro de su realidad social.

 

Lo que realmente es indignante es que ahora todos parezcamos santos y digamos que es una cuestión de desadaptados, que el fútbol es un deporte para vivirlo en paz con la familia y que hay que judicializar a todos los hinchas. La realidad es que los mismos medios de comunicación se encargan de alimentar la agresividad y el odio cuando agigantan una rivalidad deportiva entre estos dos equipos. Cada “superclásico” algunos periodistas deportivos explican porque hay rencor entre hinchas azules y verdes, recordando aquel partido decisivo de cuartos de final en la Libertadores, final de Merconorte, los títulos de Pablo Escobar o los cientos de enfrentamientos entre Comandos Azules y Los del Sur.

 

Durante los ultimos años la violencia esta alejada de los estadios, las agreciones entre barras se presentan en las calles, carreteras y barrios. La solución a la violencia no es cancelar el fútbol o prohibir ingreso de hinchas con camisetas de los equipos, el problema es de todos, de la sociedad. Las familias carecen de inculcación de valores, instituciones educativas en barrios populares no funcionan y las oportunidades de tener vida digna y trabajo son nulas. Las drogas y sentirse identificados con personas de la misma realidad que siguen a un equipo de fútbol es una salida lógica para ellos.

 

Atacar a una persona con la camiseta del equipo rival no es solo una cuestión de intolerancia, hay muchos factores en juego como descargar el odio y sentirse aceptados. En algunas oportunidades para ascender jerarquicamente en busca de poder y algún dinero.

 

Para colmo de males, las mujeres se creen las más sabias en el tema. La gran mayoría piensa que el fútbol es solo un juego y que la gente que se pelea por solo el color de una camiseta es descerebrada. No entienden que algunas personas ven el fútbol y la pasión por sus equipos como la única motivación de vida o que incluso la violencia generada por los barras es una lucha de poderes entre ellos por la plata que reciben de parte de la dirigencia de sus equipos.

 

Pero para los que encontraron el tema de conversación de moda en sus clubes, bares de la T o restaurantes de la 93; después de las muertes de la estación de Transmilenio de Ricaurte, se les debe advertir que aquellos jóvenes no pudieron tener estudio, las pandillas son su única familia y su violencia es producto de un imaginario creado por los medios de comunicación para incrementar el morbo futbolístico.

Letras robadas

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Por: Christina Gómez Echavarría

Hay ciertas cosas que son “robables”. Cuando  se sacan a la calle o se da papaya, es probable que en una ciudad como Bogotá se la roben en unos cuantos segundos o usted sea atracado con un “chuzo” que probablemente ni siquiera existe. Sin embargo, hay otros objetos que parecieran no tener ningún valor para aquel ladrón profesional y sin embargo sí lo tiene.

La mejor manera que yo he encontrado para escaparme de los trancones, de los pitos y de los múltiples vendedores, es leer. Una tarde, rumbo a mi casa, sentada al lado de la ventana abierta mientras que el viento soplaba, leía atentamente mi libro Leyendas del Hotel Chelsea, que llevaba por la mitad. En la carrera 15 -particularmente atrancada en la tarde-, al frente de Unilago, había un semáforo que parecía durar horas. En la mitad de una frase, sentí una mano entrar por la ventana y arrebatarme el libro. Una cachucha azul salió corriendo. Eso fue lo único que vi. Mi compañero de silla era un hombre mayor y bien vestido. “¿Te acaba de robar el libro?”, me preguntó señor sorprendido. Yo asentí aún sin poder decir una palabra. No había podido terminar de entender lo que había pasado, cuando el rapero que estaba cantando sobre la desigualdad colombiana involucró en su rima la frase, “A la chica de atrás le robaron el libro”, mientras los pocos pasajeros que ponían atención miraron hacia atrás para enterarse del chisme.

Habían pasado apenas unos cuantos segundos después de que había sentido el fuerte roce del papel en mis manos. Seguía mirando por la ventana para entender qué acababa de pasar, cuando vi de nuevo una cachucha azul. Un hombre pasando entre los buses mirando para arriba, evidentemente buscándome. El tipo me miró, me identificó, se acercó a mi ventana y me dijo: “Niña, perdóneme, este libro está en inglés, entonces no me sirve, pero igual, gracias. Que tenga un buen día”, mientras me pasó el libro en perfectas condiciones. No pude reaccionar. Ni con rabia, ni con gratitud, ni con una sonrisa para aquel ladrón amable y honesto a medias. Mi compañero de silla me miró con la boca abierta y me advirtió: “Cuidado, que dentro de las páginas puede haber escopolamina”, y aunque era un comentario que nace de la desconfianza de un capitalino, podría ser que tuviera razón. Cerré el libro, incrédula de lo que acababa de pasar, y el eterno semáforo por fin cambió. Cerré la ventana.

Dime a quién sigues, y te diré quién eres

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Por: Christina Gómez Echavarría

@ChrisGomezE

Al entrar a Twitter, me entero de la noticia de #ÚltimaHora y las que están #EnDesarrollo, cuántas boletas se han vendido para #BeyonceEnMedellín, cuál es el marcador del partido, y uno que otro comentario divertido de 140 caracteres. Me entero de que los #WordGames son “Teman Tendencia” y la pena ajena colombiana se difunde sin fin. Sin embargo, ya estoy enterada, he leído múltiples enunciados cortos, algunos hasta la mitad y me aburro, de pronto he abierto un par de enlaces y ahora estoy lista para salir al mundo real y poder interactuar con cualquiera, sobre cualquier tema.

#HablandoEnSerio Twitter es una muy buena herramienta, una red social que nunca se ha visto antes, un concepto nuevo que detrás de los 140 caracteres tiene una razón psicológica  y que se ha vuelto una parte fundamental de la sociedad moderna. Un buen escritor se conoce si sabe capturar a sus lectores con  aquellas 140 letras (incluyendo espacios), si utiliza recursos lingüísticos, de humor, y utiliza su cuenta para informar, para compartir y comentar sobre eventos actuales. Sin embargo, la verdadera razón por la cual Twitter se ha vuelto un fenómeno es que le permite a personas comunes y corrientes, seguir a sus ídolos/enemigos/y amigos ficticios para sentirse mas cercanos a ellos. Yo le puedo escribir al ex presidente Uribe, como a Mick Jagger de los Rolling Stones y tener una potencial respuesta de ambos.

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@AlvaroUribeVel caza una pelea diaria con cualquiera que le quiera contestar, y desde hacer denuncias, insultar a @JuanManSantos, aquel cretino Screen shot 2013-08-05 at 6.35.22 PM Screen shot 2013-08-05 at 6.23.49 PMque le quitó el puesto, o compartir artículos que lo aclaman, su voz resuena tanto que uno lee sus tuits con aquel acento paisa que lo distingue.

Screen shot 2013-08-05 at 6.36.39 PMScreen shot 2013-08-05 at 6.38.30 PMA su vez, @Vladdo comenta sobre amor, sobre actualidad, critica a #ElCínico, su cariñoso apodo para Uribe e interactúa con sus seguidores; especialmente aquellos que cometen horrores ortográficos cuando le escriben. @DCoronell es otro que interactúa con sus seguidores de manera tan sarcástica que solamente podría ser él quien evada un insulto de manera tan elegante. Mientras tanto @PetroGustavo empieza cada día evadiendo los miles de tuits que lo quieren fuera del poder, y se concentra más bien en hacer RT a aquellos pocos que hablan bien de él, a ver si puede convencer al resto.

Se sabe que uno es influyente en Twitter si se tiene una cuenta alterna, un “alter ego” opuesto que más bien hace burla y tiene casi tantos seguidores como los verdaderos. Esto pasa con @PachitoSantosBis y con @NPIFuribe que dicen barbaridades más entretenidas y más honestas que los personajes de verdad. Twitter sirve para que los famosos mientan y desmientan rumores  y sospechas como lo hizo Falcao García hace poco acerca de su edad. Sirve para generar controversias y debates, como por ejemplo el muy debatido #MatrimonioIgualitarioYa que mostraba los argumentos a favor y en contra mas furiosos, y que reflejaba qué tan conservador es Colombia. Tiene sus defectos, ya que como cualquier otra red social es fácil de hackear y una pequeña broma puede generar controversias mayores; como cuando la cuenta de @APress publicó un tuit que decía que había habido una bomba en la casa blanca y el Presidente Obama había muerto. Twitter es una fuente de información sin fin, y hoy en día se podría decir “dime a quién sigues, y te diré quién eres”.

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Twitter ha cambiado tanto la sociedad, que hasta los dichos de abuela han cambiado. Antes era “piensa antes de hablar” y ahora es “búscalo en Google antes de hacer el Tuit”. Antes era “hay cosas que se piensan y no se dicen. Hay otras que se dicen pero no se escriben” y hoy en día ha cambiado a “hay cosas que se piensan y no se dicen. Hay otras que se escriben pero no se tuitean”. Finalmente no es una obligación, y quien tenga Twitter es libre de decidir qué tanta información publica, qué tanta privacidad quiere conservar, y qué quiere opinar sabiendo que el mundo entero puede contestar. Un cualquiera se vuelve periodista o político, un chistoso consigue público 24 horas, y un antisocial consigue cientos de miles de amigos. Tenga cuidado ya que esta red social, lo puede convertir en un #Twitterdicto más.

La Pasarela Urbana

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Por: Christina Gómez Echavarría

Si señores, esta temporada tenemos algo verdaderamente revolucionario en la moda colombiana. Se trata de las nuevas tendencias, que aunque a primera vista parezcan lo mismo, llegan de dos extremos de diseño. Por un lado, y en la pasarela A, tenemos las ruanas. Esta prenda típica colombiana ha vuelto a relucir, especialmente en Boyacá, pero últimamente también se ha visto en Bogotá utilizando la carrera séptima como pasarela alterna. La razón de salir a la calle es que Juan Manuel Santos dijo que “aquí no hay desfile” y decidieron mostrar que sí. De accesorio para esta particular prenda se tienen papas, arroz y leche; aunque se pueden combinar entre sí. Recordemos que la mezcla de colores y tamaños está súper “in”. Se le tiene el bulto, la hectárea o el kilo nada más. Este estilo lo llevan los agricultores primordialmente, sin embargo también hay aquellos rebeldes de las altas clases bogotanas que han estrenado la ruana y han optado por accesorios importados como zapatos Adidas, cachucha Nike, y celulares iPhone. Los expertos recomendamos los productos nacionales, pero cada cual con su gusto.

En la pasarela B tenemos las capuchas. Aunque también se ha visto en épocas anteriores, volvemos a ver este fenómeno en las calles. La capucha tiene la ventaja de proteger el rostro, ocultar la identidad y aumentar el misterio. Viene en diversos colores, generalmente se usa en las edades juveniles, y es muy popular entre los estudiantes. Los accesorios que más van con la capucha es la papa bomba, los aerosoles de varias tonalidades y cocteles de molotov. También se pueden mezclar y combinar estos accesorios a su gusto, su fuerza y su identidad revolucionaria.

Lo que más nos gusta de esta nueva tendencia es que no solo trae consigo una definida moda, sino también una ideología; como lo vimos con el movimiento punk en los años 70. Las ruanas son pacíficas y buscan llevar su moda e ideología caminando por la pasarela urbana. Buscan un mayor ingreso por sus productos ya que se están viendo perjudicados por aquellos que usan ruanas y accesorios importados de Estados Unidos. Es una moda que se está viendo perjudicada por el imperialismo yanqui y los bajos aranceles. Se degrada cada vez que se mezcla con productos extranjeros y los diseñadores de alta costura imploran a los colombianos volver a sus raíces; el “vintage” volvió.

Los encapuchados por su parte, tratan de integrarse a la pasarela urbana de las ruanas. Sin embargo, no se debe confundir las dos tendencias. Los encapuchados vienen con tendencias violentas, vandálicas y sin conciliación. Sus ideales no son totalmente claros y están tratando de invadir la moda de las ruanas, y lo han logrado. Sus accesorios son tan extravagantes que están opacando la simplicidad de las peticiones de las ruanas. Definitivamente, los medios de comunicación los han confundido, y han dado mucha mas importancia a las capuchas.

El Presidente Santos asistió a la pasarela desde un helicóptero, analizando las diferentes tendencias desde lo alto y ha dado su veredicto. Entre las dos prefiere las ruanas, ya que como buen colombiano está dispuesto a ayudar a que la moda de las ruanas perdure, y como buen presidente usará su ruana con un pin de la bandera tricolor; pero Santos usará accesorios mezclados ya que acompañará sus papas con una deliciosa “kétchup” americana. Era de esperarse, gracias a su TLC (Tratado de Libre Costura) con uno de los diseñadores de moda más influyentes, Barak Obama. Sin embargo Santos se ve en problemas, ya que su alianza es difícil de retroceder o de cambiar. Debió haber predicho el cambio en la moda nacional.

Santos habló negativamente sobre las capuchas ya que claramente el presidente es algo más tradicional y expresó que “es inaceptable que las acciones de algunos afecten a la mayoría”, porque las capuchas estaban opacando las ruanas y ocasionaron desordenes con decenas de heridos y a dos muertos.

Se nota que al Presidente Santos le gusta su moda conservadora y continúa pensando que el negro va con todo. El ESMAD es un grupo que nunca ha cambiado su moda de vestir, y el día después de la pasarela urbana, ordenó que este grupo estuviera presente por toda Bogotá a ver si se nos quita la modernidad de las nuevas prendas. El ESMAD viene con armazón uniformemente negro, con cascos y escudos como accesorios.

Al fin de cuentas, todas las modas se mezclaron al llegar a la Plaza de Bolívar, y cuando se empiezan a mezclar los accesorios, todo puede pasar. Quien dijo que entre gustos no hay disgustos, estaba seriamente equivocado. El gas lacrimógeno hizo que cualquier prenda fuera imponible, y las tendencias empezaron a chochar entre sí, los pacíficos se volvieron violentos, los violentos salieron corriendo asustados, y el ESMAD que trató de imponer su moda durante dos días utilizando la fuerza, se vio en la obligación de actuar e impuso su moda al final con algo de justicia.

Argumentación por Analogía

“Yo veo como usted ve en la televisión”

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Por: Christina Gómez Echavarría

Si, si leyó bien. No, no veo un rectángulo. Veo en dos dimensiones. Ya que se lo está preguntando, usted probablemente ve en tres dimensiones. Veo la realidad que existe en la fotografía y en el cine. Soy fotógrafa, y muchos me preguntan, si cuando digo que veo en dos dimensiones, estoy haciendo una alusión metafórica o literaria para mi pasión, pero la verdad es que nunca hubiera sido capaz de imaginarme metáfora semejante. La verdad es que mi realidad se asemeja a la de los espejos laterales de los carros “los objetos están mas cerca de lo que parecen”.

Los deportes que incluyan balones están fuera de mi alcance y el tenis en especial puede llegar a ser la razón de mi muerte, o por lo menos de una nariz rota. Me tropiezo mas de lo que me gustaría admitir. Pagar extra en un cine para ponerme unas gafas incómodas y ver la película igual que las otras es inconcebible para mi. Frenar el carro es un susto constante ya que nunca sé que tan cerca está de mi. A veces veo un balón en el aire a 20 metros, y creo que está tan cerca que me cubro la cabeza. Soy víctima de burlas constantes con cada tropiezo o cada vez que dejo caer algo.  “¿Pero no entiendo, tu como ves?” es la pregunta que mas he oído en mi vida. La respuesta es que, yo no sé usted como ve, ¿usted sabría explicar cómo ve? Mi explicación es la misma que le dijo mi oftalmóloga a mi mamá la primera vez que nos explicó “su hija ve, como usted ve en la televisión”.

A pesar de todo, amo mi realidad. No la cambiaría por nada. El cine es casi igual a lo que yo veo regularmente, lo cual me deja perderme adentro de la pantalla, viéndolo como si fuera mi vida. En la fotografía también me ha ayudado el hecho de ver como quedará la foto, y me puedo dar el lujo de decir “quedó exactamente como lo vi”. He aprendido a percibir la vida de una manera diferente al resto, y a adaptarme en maneras inconscientes. Tengo la percepción de un pintor en formación, sé que alguien está mas lejos, porque su cabeza es más pequeña, cuando me lanzan un objeto, sé por la distancia en la que la persona está, donde llegará el objeto. Tengo el privilegio de decir que mi realidad es completamente diferente a la suya, y no ser marcada como esquizofrénica. Lo único que me gustaría es ver como usted ve un solo día, para saber que tan diferente verdaderamente es lo que yo veo. Me imagino que será espantoso ver todos los objetos resaltando y como si lo fueran a atacar a uno. ¿por qué habría de querer ver eso?

Entonces ya está advertido: Si me invita a jugar tenis, no voy. Si es valioso, hágame el favor y se para y me lo pone en las manos. Le recomiendo no montarse en un carro conmigo, porque cada vez hay un porcentaje mas alto de que usted termine en el parabrisas del carro de adelante.

Búrlese todo lo que quiera porque mi realidad es mejor que la suya.

Dr Mockus, lárguese

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Por: Matheo Gelves – @TheoGelves

Doctor Antanas, la presente es para solicitarle a usted, ex alcalde y ex candidato a la Presidencia, que por favor se largue de nuestro país, pues considero que no lo necesitamos ni a usted, ni a sus políticas e ideologías. Es más, me he tomado el atrevimiento de irrumpir en su domicilio y empacar sus maletas para que pueda irse cuanto antes.

Lo primero que encontré en su armario, por allá guardados en una linda cajita, fueron los valores éticos y democráticos que usted siempre ha querido articular en nuestra sociedad. ¿Cómo se le ocurrió siquiera pensar en que la prioridad para un gobierno, y el principal destino de los recursos, serían la educación y la cultura ciudadana? ¡Es usted un ignorante! todos bien sabemos que lo que necesitamos es ponerlos en la guerra contra las FARC, que es nuestro principal y único problema.

Junto a esos valores, encontré colgado en un gancho el pantalón que usó el día de su famosísima conferencia en la Nacional. Si, esos que se bajó para mostrarles el culo a todos los estudiantes. ¡Es usted un animal! ¡Puerco, degenerado, inmoral! ¿Cómo se le ocurre hacer semejante banalidad frente a una sociedad como la nuestra, en donde los únicos culos que aceptamos ver son los de las prostitutas en la zona de tolerancia y los de las damas de Soho en las grandes vallas publicitarias? Lo lamento, pero su culo es demasiado escandaloso para nuestra casta sociedad. Con grandes arcadas y ganas de vomitar, empaco ese pantalón suyo.

También colgados y enmarcados en su estudio encontré un gran número de diplomas y reconocimientos que le han sido otorgados. Necesité una maleta extra para empacarlos todos. Lléveselos lejos, porque aquí no necesitamos profesores y académicos como funcionarios, tal como usted decidió hacerlo. En fin, regrese a Harvard a seguir dando sus charlas y cursos. Aquí no encontramos útil nada de eso. Entienda que nuestros políticos (los que en verdad necesitamos) son esos que, en vez de culpar –como usted- a la educación y las decentes prácticas culturales de nuestro país, prefieren culparse unos a otros y a sus respectivos partidos. Respete el statu-quo, por favor.

Mientras empaco, aprovecho para comentarle que nunca supimos si era usted de derecha o izquierda. Solo supimos que era diferente. Y eso -lo diferente- nos espanta en este país. Aquí estamos acostumbrados al menú de siempre: dos tazas de corrupción al desayuno para iniciar bien el día, un platado de palabrerías y discursos al almuerzo, y una bandeja de show mediático para dormir bien y seguir con la rutina al día siguiente. Ni se atreva usted a meterse con nuestro diario vivir, con nuestro pan de cada día.

De su mesita de noche saqué su historia clínica. ¡Se me olvidaba la peor parte! Es usted un enfermo. Con una infinita pena le comento que su Parkinson nos resulta una peor enfermedad que la corrupción y el deseo de poder de nuestros dirigentes. Es claro que no puede usted ocupar ningún tipo de puesto en nuestro sano país. No nos expondremos al riesgo de contagiarnos de sus ideas. Es que nada más con pensar en que usted, viejo locus, optó por abandonar su pantano verde cuando nuestro Gran Colombiano decidió apoyarlo ya muestra el tipo de persona que usted representa.

Y hablando de ideas, encuentro bajo su historia clínica la propuesta que hizo en su mandato de expandir escuelas, bibliotecas e institutos. Sólo a un loco, demente y enfermo de Parkinson como usted se le ocurriría proponer semejante cosa, cuando lo que necesitamos es expandir las cárceles y estaciones de policía, pues nos invaden los vándalos y nos sentimos inseguros en la calle y hasta dentro de nuestras casas (para los que tenemos). Y aunque su ejemplar ley de la hora zanahoria haya trascendido a otras ciudades de Suramérica, no la necesitamos más, ni siquiera cuando se está matando media Bogotá borracha al volante y en medio de riñas. Usted, como sus propuestas, ya no son vigentes.

En fin, tras varias horas de trabajo he empacado una infinidad de sus pertenencias: Su absurdo plan de beatificar los recursos públicos, su tonta idea de ver a los indígenas como una minoría “extraña pero valiosa”, su propuesta del desarme de la población civil de Bogotá a cambio de bonos de mercado, su acción de cambiar los policías de tránsito por mimos que se burlaban de los imprudentes porque, según usted, los colombianos le temen más al ridículo que al castigo y ¡ah! lo más importante, su mayor defecto: el pensar mucho antes de hablar. ¡Eso sí que nos disgusta en nuestro afanoso y visceral país! Una persona que se tome tiempo para reflexionar, pensar y ahí si hablar. No tenemos tiempo para esas estupideces.

Ya es hora de que acepte la realidad, doctor Antanas. Se disfrazó del superhéroe de la política cuando la verdad es que un “político artista” como usted no va a ganarle a la corrupción colombiana, ni mucho menos va a poder escribir la sangrienta historia de nuestro país con lápiz y libros. ¡Lárguese de una buena vez y deje de insistir tanto! Colombia no está lista para una persona y una mente como usted.

Post-Data: Sus maletas y pertenencias ya fueron enviadas al aeropuerto. Adjunto a esta carta uno de sus más absurdos chistes:

“Me encantaría que cada mañana, cuando un estudiante se levante para ir a clase, comprendiera que allí, en su colegio o universidad; que cada maestro al dar la clase, o un papá al revisar la tarea por las noches, son los escenarios donde se juega la soberanía del país, la diferencia de poder futuro”

Carta al burgomaestre

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Estimadísimo señor alcalde,

Creo que la modificación que usted ha venido planteando al Plan de Ordenamiento Territorial es un proyecto bastante ambicioso y polémico. A pesar de que el Concejo de Bogotá se lo tumbó en el mes de junio, usted se puso su mejor pinta de dictador y firmó por decreto la modificación pasando por encima de muchos. Debo recordarle que esa firma representa la reescritura de aproximadamente el 90% del POT actual y creo que no se trata de una simple modificación como usted ha dicho. No le voy a pelear ni le voy a decir que se ha cometido prevaricato. Si los fallos judiciales han sido favorables, tengo plena certeza de que los jueces de este país son totalmente transparentes y siempre de acuerdo con la ley.

Bogotá es una ciudad en constante crecimiento y es perfectamente válido que esté pensando en mejorar las condiciones de vida de los habitantes. Es más, estoy de acuerdo con las declaraciones del concejal Miguel Uribe Turbay, con quien ya ha tenido sus debates en Twitter,  quien afirmó que “hay aspectos del modelo de ciudad con los que nadie podría estar en desacuerdo pero lo que hay en el POT no es lo que dice en la teoría”. Me parecería ridículo que no pensara en proyectos de ordenamiento territorial, salud y educación para mejorar el desarrollo urbano pero sí quiero mencionarle un punto en el que debería reflexionar.

Por favor tome en sus manos la pequeña modificación de un poco más de 400 páginas. Ubíquese en la parte de vivienda de interés prioritario. ¿Cómo así que de ahora en adelante habrá cargas para los constructores que deberán ceder el 20% del área construida para desarrollar viviendas para los más pobres y si no aceptan entonces deberán dar el equivalente en dinero al Distrito para que las construya? Déjeme decirle que esto es ridículo y que acabará con la construcción en la ciudad. Me han contado algunos amigos constructores que si no le tumban el proyecto se van felices a construir lejos de aquí.

No me imagino comprar un apartamento nuevo en estrato 4, 5 o 6 y convivir con personas de estrato 1, 2 o 3. ¿Significa esto que en el parqueadero del edificio va a haber una zorra en el 201 y un Mercedes-Benz en el 303? ¿Podré llamar a la empleada de servicio doméstico en horario extralaboral a ver si sube a preparar un tintico? Si no es así, por favor señor alcalde, explíqueme cómo funciona y si ya hizo la prueba piloto en su residencia. Bueno, y otra cosa. Si soy constructor y decido dar el equivalente en dinero al Distrito, que digamos en un proyecto de diez mil millones, tendría que dar la modesta suma de dos mil millones, ¿quién me garantiza que esas viviendas se van a construir y que la plata no va a terminar en contratistas como los respetables Nule?

Ya se ganó enemigos como el Ministro de Vivienda, Luis Felipe Henao, quien criticó sus acciones y aseguró que la norma debía ser demandada. Ya se ganó una pelea con Santos después de su respuesta vía twitter: “Amenazas del ministro Henao implican una ruptura entre el gob nacional y el distrital, espero presidente de la República reflexione”. Póngase en los pantalones de los ciudadanos, no se convierta en un Chávez y, en vez de decirle al presidente que reflexione, hágalo usted y no acabe con uno de los sectores más importantes para la economía y desarrollo de Bogotá.

Atentamente,

Un ciudadano preocupado

¡Mrik- Gwon!

Por: Ginna Avila
–        ¡ Quibo gwon ¡
–        Nada gwooon
–        ¿Qué ms Gwon?
–       ps mrik … nada,  Me eché el parcial.

No, no está mal escrito. Sí, es una conversación de verdad. La escuché un miércoles en el ascensor del Ático a eso de las 10 de la mañana.  Parece increíble, pero  el Slang que se utiliza  en las redes sociales se ha tomado las conversaciones cara a cara.

Cuando escuché a esos  muchachos solo atiné a pensar en todas esas veces que oigo la palabra Gwon  al día. Sé,  que es una abreviatura de  ” Huevón”  un término  que según la RAE se usa como adjetivo vulgar para denominar a alguien perezoso, alelado  o imbécil. Quienes se saludan de huevones también lo hacen en una clara alusión al gran tamaño  las gónadas masculinas.

Lo curioso  es que  diariamente escucho a muchas chicas saludarse de esta manera, sin tener la más mínima consideración con sus ovarios que deben sentirse discriminados. O en su defecto también  he sabido que otra de las maneras más comunes de saludar es llamarse  “marica”, que también viene con la correspondiente abreviatura.

Otra conversación que escuché, esta vez de una muchacha de  la carrera de derecho  incluía lo siguiente:
–          Mrik…  y la vieja se le acercaba,! Mrik! y el me hizo cara de que le quitara esa guisa de encima mriiik y  yo no sabía ni que hacer ¡mriiik!.

De nuevo, sé que Mrik , es una abreviación de  “marica”, busco en la RAE y me encuentro con que esta palabra es un sinónimo de urraca; una sota de oros  en un juego llamado Truque, o el mejor conocido  calificativo coloquial de” hombre afeminado de poco ánimo y esfuerzo.” Creo que hasta los gays se enojarían de que los llamaran así. He de admitir que no soy la mejor usuaria del lenguaje, aunque intento hablar adecuadamente.

Defiendo algunos despropósitos idiomáticos como las abreviaciones que convierten un  porqué a un pq’, un pues en un ps´ y  a veces no tengo problemas con comermeespaciosentrepalabras siempre y cuando esté en la red. Creo que estos saltos gramáticos y abreviaturas son  una consecuencia lo que Marshall Berman propone al decir que todo lo solido se desvanece en el aire, para manifestar que el ritmo acelerado que nos trae la época moderna y capitalista hace que las cosas no sean permanentes y parezcan evaporarse a cada segundo. Sin embargo, hay algo que me harta, a lo que no le encuentro una justificación clara.  Las groserías al saludar. a mi parecer realmente no son graciosas, no se oyen bien, son palabras para referirse de manera vulgar hacia el otro y tampoco son reales muestras de afecto para saludar al mejor amigo.