Por: Daniel Canal Franco

Yo creo ciegamente que el futbol es para bipolares, y digo bipolares en el mejor sentido de la palabra. Aunque es un reflejo de la vida son realidades alternas, la cancha consume, y consume a tal nivel que no hay patadas que duelan más que la derrota. Jugando se pierde el instinto de conservación en función de la pelota. Fuera de la cancha está el Doctor Jekyll, el correcto, el oportuno, el caballero… el “Doctor”. Jekyll no duraría en el campo. Pero el balón es la pócima y Mr. Hyde es el jugador de fútbol, es el perro consumido que solo tiene ojos para la pelota. Por eso no entiendo a los comentaristas y eruditos (porque todos creen que son eruditos) que hablan con desdén sin saber qué es ser Hyde con la camiseta.

Esta idea – que llevo cultivando un buen tiempo – nació a raíz de un comentario del “Profe” Carlos Antonio Vélez en el mundial del 2010 en Sur África. Estaban jugando Argentina contra Nigeria en la fase de grupos y Messi, siempre Messi, hacía y deshacía con la defensa africana. Nigeria reaccionó y Messi no volvió a tener el balón más de un par de segundos porque era cortado de un tajo con faltas tácticas. El concepto es fácil: Messi no produce = Argentina no produce. El “Profe” descuartizó a los nigerianos porque lo que hacían con Messi era una ofensa al buen fútbol. Los nigerianos no estaban pensando en el buen fútbol, Hyde estaba tratando de defender un partido ante un rival superior de la única manera que podía. No tenían el talento pero si la fuerza y esa era su carta. Y la jugaron.

Al ponerse los guayos, los botines, los tacos, the boots, no importa como lo llamen el cuerpo se siente diferente. Los pies son más livianos y elásticos, el aire es menos denso, y son lo suficientemente apretados para que hasta caminar sea diferente. Yo creo que el “Profe” y muchos otros nunca han sentido eso, o no entienden. Él dice que de joven fue arquero, me quedan mis dudas.  Y una cosa es jugar con amigos, otra pararse ante sesenta mil espectadores y tratar de sobrepasar a diez nigerianos que te van a perseguir como perros de caza.

Es fácil decir “no puede perder los nervios, eso es ser profesional” cuando va a cobrar un penalti. Martín Palermo erró tres contra Colombia en la copa América de 1999 y marcó su salida de la selección. Roberto Baggio erró en 1994 e Italia perdió la copa del mundo con Brasil. Y no eran comentaristas, eran delanteros de primer nivel que estaban nerviosos. Si a Cristiano Ronaldo, Messi, Sergio Ramos y Beckham les dan nervios, por qué los comentaristas no lo entienden. A mí me gustaría ver al “Profe” en el arco frente a sesenta mil espectadores a ver si le queda algo de esa serenidad inalienable.

Y lo digo porque juego como aficionado. A mi nuca me han visto más de doscientas personas, pero son suficientes para que todo sea más pesado y me sienta lento. Para que me chiflen un error o me aplaudan un acierto y yo trate de no perder la compostura. En el colegió me resbalé cobrando un penalti con la tribuna llena (las doscientas personas), mi equipo perdió la semifinal y todavía me lo recuerdan. No me imagino lo que Baggio o Trezeguet sintieron al perder un mundial desde el punto blanco. Si a mí me lo recuerdan ellos deben soñar con eso. El “Profe” diría que fueron errores infantiles por no saber manejar los nervios, pero él nuca los ha sentido.

Para terminar quiero citar a Hernán Casiari, periodista deportivo, que en una columna explica lo que yo trato de decir. Para él Messi es un perro, sin importar las patadas que reciba el persigue la pelota ciego y sordo, y es el mejor para hacerlo; Hyde. Fuera de la cancha es otro postadolescente un  poco tonto que se le dificulta el español y no puede cerrar la boca; Jekyll. Pero se transforma radicalmente cuando toca el balón, y eso es algo que quienes no lo sienten nunca lo van a poder entender.

Advertisements