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Por: Daniel Canal Franco

Rubios, de ojos claros, los dos miden más de un metro ochenta; y no hablan una palabra de español. Esos David Boon y Mitchell Bate, un australiano y neozelandés, respectivamente, que decidieron venir a Colombia. Claro está, las motivaciones de ambos eran completamente diferentes: Mitch quería visitar a su novia, él es el romántico; y Boony, el loco, quería ver de primera mano un “coke farm”, o lo que él pensaba que era una finca de cocaína.

Como buenos embajadores del turismo, quienes los recibimos les hicimos una recapitulación de la historia del país empezando porque los colombianos no teníamos los bolsillos llenos de cocaína. Pasamos por el nacimiento de las guerrillas en el sesenta, los ochenta de los grandes carteles, la muerte de Pablo Escobar, Pastrana y su proceso de paz, Uribe y su mano fuerte y corazón grande, hasta llegar a Santos. Esto con el fin de convencerlos de que Colombia no era el país de Mr. and Mrs. Smith. Boony quedó decepcionado y Mitch no le quitaba los ojos a su novia.

Con este antecedente de patriotismo estábamos sentados en la terraza de un bar frente al Centro Andino. Unos cachacos hablando de cualquier cosa con unos gringos – porque todos los extranjeros que no hablan español acá son gringos – que no tenían le menor idea de dónde estaban parados. Entonces un hombre que iba por el andén se abalanzó sobre la mesa con la baranda al ombligo, agarró una cartera, elástico volvió al andén, y se montó en una moto que lo estaba esperando.

Fuck yhea, that´s what I´m talking about (eso es de lo que estoy hablando).

Claramente el grito fue de Boony, que al fin estaba viendo el espectáculo por el que había pagado.

Tratamos de remediarlo, pero el daño ya estaba hecho: Colombia era un país peligroso. Solo nos quedaba defender que en los supermercados no vendían paqueticos de cocaína. Que no todo el mundo consumía.

Después del incidente los llevamos a bailar. Los dos surfistas de cuerpo atlético eran el centro de atención por su apariencia, no por su ritmo con la salsa y el reggaetón. Igual la estaban pasando bien. En medio de la fiesta un actor que ha salido varias veces en el prime time se le acercó a Boony. Volvió al minuto y a los dos gringos les empujó una pastilla de algo. Mitch la escupió y a los diez minutos Boony estaba eufórico.

Fuck yhea, that´s what I´m talking about.

Cuando yo salgo de noche no me atracan, no me encuentro con actores, no me meten pastillas en la boca… pero yo no soy un surfista australiano que habla pegando las palabras en inglés con acento nasal.

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