QUÉ DIRÍA KLIM

 

Klim nos hace falta. Ya son 32 años sin su pluma libre y deschavetada, sin su sarcasmo y sentido del humor daltónico y equivocado; sin su singular manera de burlarse de un país que jamás le quedó chiquito. Nos hace falta el Klim joven que ridiculizaba a cuanto profesor se le cruzaba por el Gimnasio Moderno. Nos hace falta el Klim bohemio y parrandero que no tenía como pagarle los cinco centavos de carrera al zorrero, para que lo regresara a su casa después de tomar chicha en Las Cruces con sus amigos de clase alta. Nos hace falta el Klim enclaustrado, que en pantuflas y pijama ridiculizó la elegancia y las apariencias.

Porque a Lucas nunca le hizo daño el encierro. De hecho, fue precisamente ese carácter ermitaño el que le permitió ser el mejor historiador de su presente. Pero ¿qué sería de él en nuestro tiempo?  Probablemente renunciaría a cualquier posibilidad de salir de su casa. Ni siquiera para hacerse sus chequeos en la Marly. No valdría la pena, pues nada ha cambiado, por lo menos en el fondo.

Es cierto que se tomaron el palacio, que llegó un tal Pablo Escobar a llevarle unos mandaditos de polvo blanco, que no precisamente era leche Klim, a Estados Unidos. También es cierto que un elefante apareció de pronto en la sala de un presidente y que al mismísimo hijo de Misael Pastrana lo dejaron con los crespos hechos y la silla vacía. Nadie puede negar que últimamente nos encanta disfrazar a civiles de guerrilleros muertos y que a falta de espías, tenemos quien nos chuse los teléfonos.  Y cómo no contarle a Lucas que tenemos la dicha de tener a un procurador bien conservador, como los que tanto le gustaban.

No es por echarle la sal, pero lo más seguro es que si siguiera en El Tiempo, lo habrían echado por segunda vez. ¡Imagínense a Lucas destapando el escándalo de la “zona franca” de Jerónimo y Tomás Uribe! Sería peor que cuando se burló de Juan Manuel López Caballero, hijo del entonces presidente Alfonso López Michelsen, alias “Compañero Primo”, cuando compró una hacienda en los llanos por treinta millones, de los cuatrocientos que costaba. Si el escándalo de la “La Libertad” le costó su salida, revelar los secretos mejor guardados de los Uribe significaría su exilio.

Por eso aunque hayan pasado los años, el zoológico es el mismo. El “Hermano Gulito” ya no es Julio César Turbay con su estatuto, sino Álvaro Uribe con su política de Seguridad Democrática. La “tía Magolita” bien puede compararse con Vicky Dávila y su afán por enterarse de los últimos chismes de la “cosa política”; “Stayfree” es Pachito Santos porque aunque está cerca al poder, ahora le ha dado por patear la lonchera y el “Compañero Primo” aunque primo de Pacho, si es un Santos por convicción y espera hacer las paces con Las Farc de corazón.

Pensándolo bien, aunque nos haga falta, dejemos a Klim en paz. Una pluma tan prodigiosa no merece contar la misma historia dos veces.

Advertisements